Entre enero y julio, de cada 100 barriles de petróleo que importó Estados Unidos, 7.2 llegaron desde Venezuela y apenas 4.6 desde México. Hace apenas un año la foto era bastante distinta: México aportaba 6.5 barriles por cada 100 y Venezuela solamente 2.5.
En otras palabras: México perdió terreno y Venezuela lo ganó, y no poquito.
Estados Unidos compró 25.8 millones de barriles menos a México que durante el mismo periodo anterior. Mientras tanto, a Venezuela le compró 57.5 millones de barriles más.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿cómo demonios pasó esto? Aunque pueda parecer que un barril es un barril y listo, la cosa es bastante más complicada.
El crudo puede ser ligero o pesado. El pesado es más espeso, contiene más azufre y requiere procesos de refinación más complejos. Por eso las refinerías no funcionan como una licuadora a la que puedes echarle cualquier cosa: están diseñadas para trabajar con determinados tipos de petróleo.
Y aquí Venezuela tiene una carta bastante interesante. Su crudo es, en buena medida, similar al petróleo pesado mexicano. Es decir, es justo el tipo de crudo para el que varias refinerías de Texas y Luisiana ya tienen infraestructura.
Traducido al cristiano:El petróleo venezolano no solamente puede sustituir al mexicano. En algunas refinerías estadounidenses es prácticamente el reemplazo natural.
México también se está quedando con menos barriles para vender
Mientras tanto, Pemex enfrenta otro problema: produce menos petróleo y cada vez manda una mayor parte de ese crudo a sus propias refinerías.
Eso significa que hay menos barriles disponibles para exportar.
Y del otro lado está Estados Unidos, que durante años mantuvo muchas restricciones sobre el petróleo venezolano debido a las sanciones. Pero esa puerta volvió a abrirse después de la captura de Nicolás Maduro en enero.
Así que el escenario cambió rápidamente: Venezuela volvió al mercado estadounidense justo cuando México tiene menos crudo disponible para ofrecer.
No es precisamente el mejor momento para que Pemex pierda clientes.
Y ahora viene otro movimiento importante
La semana pasada se anunció un acuerdo que puede hacer todavía más interesante esta historia.
North American Blue Energy Partners, señalado como el segundo mayor productor privado de petróleo de Venezuela, anunció planes para desarrollar 17 zonas petroleras en el país en conjunto con el gobierno de Trump.
La inversión no será cosa de mañana ni significa que Venezuela vaya a inundar Texas de petróleo la próxima semana. Desarrollar campos petroleros requiere años y miles de millones de dólares en infraestructura
Pero la apuesta de fondo es bastante clara.
Venezuela tiene, según las cifras citadas, 303 mil millones de barriles de reservas probadas, alrededor de 17% de las reservas mundiales y una cantidad superior a la de Arabia Saudita.
Claro que hay un asterisco importante: hay quienes consideran que las reservas venezolanas están sobreestimadas.
Y hay otro dato que ayuda a poner la cifra en perspectiva: Venezuela actualmente produce aproximadamente un tercio de lo que llegó a producir durante los años setenta.
O sea, tener un tanque enorme no significa necesariamente que tengas la bomba funcionando a toda velocidad.
¿Qué significa esto para México?
Primero, algo bastante sencillo: Pemex tiene un nuevo competidor serio en Estados Unidos.
Si Venezuela logra aumentar su producción y mantener el acceso al mercado estadounidense, México tendrá que competir por un cliente que históricamente ha sido fundamental para sus exportaciones de petróleo.
Y cuando tienes más competencia, normalmente ocurre una de esas cosas que a ningún vendedor le encantan: tienes que bajar el precio o convencer al cliente de por qué debería seguir comprándote a ti.
Además, el asunto no termina en el petróleo crudo.
S&P Global ha señalado que, conforme las refinerías estadounidenses procesen más crudo venezolano, podrían necesitar menos combustóleo mexicano.
Y ahí aparece otra consecuencia para quienes trabajan alrededor del sector energético.
Porque al final, las refinerías tienen una lógica bastante fría:
No le preguntan al barril si viene de México, Venezuela o de la casa de su abuela. Quieren el crudo que mejor se adapte a sus procesos y que tenga sentido económicamente.
Y por ahora, Venezuela está volviendo a tener una silla bastante cómoda en esa mesa.
México, en cambio, tiene que cuidar la suya.
Porque mientras nosotros seguimos discutiendo qué hacer con Pemex, Venezuela ya encontró una manera de volver a venderle petróleo a Estados Unidos. Y bastante.
