El 60% de los mexicanos considera negativa la influencia de Estados Unidos en la región, mientras 65% tiene una opinión positiva de China, según el Latinobarómetro 2026; el contraste ocurre mientras México mantiene una fuerte dependencia comercial de Washington y endurece los aranceles a productos provenientes de países sin tratado comercial.
La percepción mexicana sobre las dos principales potencias económicas del mundo se movió en direcciones opuestas. Solo 33% de los mexicanos considera positiva la influencia de Estados Unidos en América Latina, frente a 65% que tiene una opinión favorable de China, de acuerdo con el Latinobarómetro 2026. La diferencia es de 32 puntos porcentuales y convierte a México en el país de los 17 analizados donde Estados Unidos obtiene la peor valoración.
El resultado adquiere mayor relevancia cuando se contrasta con la relación económica que existe entre México y Estados Unidos. Entre enero y agosto de 2026, casi 85 de cada 100 dólares de las exportaciones mexicanas no petroleras tuvieron como destino Estados Unidos. Es decir, la percepción negativa no corresponde a una relación comercial marginal: ocurre con el principal mercado para las empresas mexicanas.
El Latinobarómetro, organización sin fines de lucro con sede en Chile que realiza mediciones de opinión pública en América Latina desde 1995 y que cuenta con el respaldo de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo y Naciones Unidas, encontró además un cambio regional inédito: China superó por primera vez a Estados Unidos en la percepción sobre su influencia en América Latina, con 65% de opiniones positivas frente a 57%.
En México, sin embargo, la brecha es mucho mayor.
China gana terreno en percepción y consumo
La explicación no está únicamente en la política internacional. Marta Lagos, directora fundadora de Latinobarómetro, ha señalado entre los factores detrás de la mejor valoración de China el acceso que sus productos han permitido a sectores de la población que anteriormente no podían adquirir determinados bienes importados.
El precio es parte importante de esa percepción.
Durante los últimos años, las marcas chinas han ganado presencia entre los consumidores latinoamericanos mediante productos que compiten principalmente por costo, pero también por disponibilidad y variedad. Esa expansión ocurre mientras la imagen de Estados Unidos enfrenta un factor adicional: Donald Trump.
En México, Trump recibió una calificación de 2.8 sobre 10, la más baja registrada por el estudio entre los países encuestados. La percepción sobre el mandatario estadounidense termina impactando también en la valoración de su país.
Pero existe una contradicción particularmente relevante para México: la opinión pública puede alejarse de Estados Unidos mientras la economía mexicana continúa profundamente vinculada con ese mercado.
La relación comercial cuenta una historia diferente
México no solo vende buena parte de sus productos al mercado estadounidense. También mantiene una política comercial que dificulta la entrada de determinados productos procedentes de países con los que no tiene un tratado de libre comercio.
Desde enero de 2026, México aplica aranceles de hasta 50% a 1,463 tipos de productos provenientes de países sin tratado comercial. China se encuentra entre los países más afectados por estas medidas.
Los primeros datos muestran un efecto concreto: las importaciones mexicanas provenientes de China correspondientes a esos productos disminuyeron 28% entre enero y mayo de 2026, en comparación con el mismo periodo de 2025, según información de la Secretaría de Economía.
La paradoja es clara: mientras China mejora su posición entre los mexicanos, sus productos enfrentan mayores obstáculos para ingresar al mercado nacional.
¿Qué significa para las empresas?
La combinación de percepción, comercio y política arancelaria modifica las condiciones en las que compiten las marcas.
Para las empresas chinas que venden directamente al consumidor mexicano, la situación tiene dos caras. Por un lado, enfrentan mayores costos de entrada para determinadas categorías; por otro, parten de una percepción favorable de China y de una propuesta de valor construida alrededor de precios competitivos.
Para las marcas mexicanas que compiten con productos chinos, el escenario puede ser más complejo. Ya no se trata únicamente de competir contra precios bajos. La percepción favorable hacia China puede facilitar que un consumidor considere sus productos como una alternativa legítima frente a opciones nacionales o estadounidenses.
Para las empresas estadounidenses, el problema es diferente. La valoración negativa de su país no significa que los consumidores mexicanos hayan dejado de comprar sus productos. La dimensión comercial de la relación permanece prácticamente intacta, pero las marcas estadounidenses operan en un entorno donde su país de origen tiene una imagen menos favorable.
Y para las empresas mexicanas que exportan, la dependencia es todavía más evidente: el mercado estadounidense continúa siendo el destino dominante de las exportaciones no petroleras, independientemente de cómo los mexicanos evalúen la influencia de Washington.
Una contradicción difícil de ignorar
Los datos dibujan una relación peculiar. México depende comercialmente de Estados Unidos, pero considera que su influencia es negativa; al mismo tiempo, percibe de manera mucho más favorable a China, aun cuando el gobierno mexicano ha elevado las barreras para determinados productos provenientes de ese país.
No significa que México esté sustituyendo a Estados Unidos por China. Los números comerciales todavía están muy lejos de respaldar una conclusión así.
Lo que sí muestran es una separación cada vez más evidente entre la percepción que tienen los mexicanos de las potencias y la estructura económica de la relación que México mantiene con ellas.
Para las empresas, esa diferencia importa. La reputación del país de origen, el precio, los aranceles y el acceso al mercado están empezando a contar la misma historia desde ángulos distintos.
Y en esa historia, Estados Unidos sigue siendo el socio comercial indispensable aunque su imagen entre los mexicanos esté en uno de sus puntos más bajos; China, en cambio, está consiguiendo algo que durante décadas parecía improbable: una mejor percepción regional que la de Estados Unidos, incluso en México, donde ambas potencias compiten mientras el país intenta equilibrar intereses comerciales que no siempre coinciden con la opinión de sus consumidores.
