Hay cosas que no pasan todos los días en la ciudad, y menos en el Metro. Desde este 8 de abril, la estación Zapata de la Línea 12 se convirtió en algo más que un punto de transbordo: ahora también es una parada obligada para los fans del rock. Ahí se inauguró “Legacy”, una exposición fotográfica dedicada a John Fogerty, mente detrás de Creedence Clearwater Revival y una de esas figuras que, aunque pasen los años, siguen pesando en la historia de la música.
La muestra llega justo después de su regreso a México en marzo pasado, cuando se presentó en el Vive Latino 2026 y en el Auditorio Nacional. Pero más allá del concierto, lo que pasó con Fogerty tiene otra carga: después de décadas de pleitos legales, por fin recuperó los derechos de las canciones que escribió en su etapa con Creedence. Es decir, volvió a cantar su propio catálogo siendo realmente suyo. Y eso cambia todo.

Las fotos que forman “Legacy” van por ahí. No son sólo imágenes de archivo o momentos icónicos; funcionan más como un testimonio de ese cierre de ciclo. Hay una sensación constante de reconciliación, como si cada imagen capturara ese punto donde el pasado dejó de ser una deuda pendiente.
Fogerty no es cualquier nombre: más de 100 millones de discos vendidos respaldan una carrera que sigue conectando con nuevas generaciones. Canciones como “Have You Ever Seen The Rain”, “Bad Moon Rising” o “Fortunate Son” no necesitan mucha presentación; siguen sonando, mutando y encontrando su lugar en contextos distintos.
Lo que vimos el 14 de marzo en el Vive Latino no fue un acto nostálgico. Fue más bien un recordatorio de que hay historias que, incluso después de años, pueden reescribirse. “Legacy” toma ese momento y lo aterriza en algo tangible: imágenes que ahora están ahí, en medio del caos cotidiano del Metro, al alcance de cualquiera.
Y eso también importa. Que una exposición así no esté encerrada en una galería, sino en un espacio público como el Metro de la Ciudad de México, habla de otra forma de acercarse a la cultura: más directa, menos elitista. Entre prisas, transbordos y rutina, de pronto te topas con un pedazo de historia del rock. Y eso, la neta, no está nada mal.

