Hay discos que se sienten como postales enviadas desde un lugar específico del mapa emocional. “Cozumel”, el nuevo maxi single de Antonio Tranquilino, funciona así: como una escapatoria sonora donde el deseo, la nostalgia y la contemplación conviven bajo el mismo sol.
Editado bajo el formato casi extinto del maxi single —ese gesto noventero de acompañar un sencillo con dos piezas que expanden su universo—, “Cozumel” no sólo rescata una lógica física del cassette, sino también una narrativa: tres canciones que dialogan entre sí sin la ansiedad de convertirse en álbum, pero con suficiente sustancia para no quedarse en simple adelanto.
La pieza titular es un funk luminoso, profundo en su instrumentación, que evoca playas mentales más que destinos turísticos. No se trata del Cozumel de folleto, sino del que aparece cuando uno baja la guardia: amores que saben que son pasajeros, pero se viven intensamente. Hay groove, pero también una melancolía suave que atraviesa la canción como brisa marina al atardecer.
En “Vamos a ver una peli”, Tranquilino sube ligeramente la temperatura. El funk aquí se vuelve más corporal, más explícito en su pulsión erótica. La canción habla del deseo sin eufemismos, celebrando una sexualidad libre y juguetona que no pide permiso. Es la noche después de la playa, cuando el ritmo ya no mira al horizonte sino al cuerpo que tiene enfrente.
El cierre llega con “Tu sonrisa son mis vacaciones”, una introspección folk que cambia el paisaje sonoro hacia terrenos más íntimos. Aquí la guitarra respira distinto; hay menos brillo y más profundidad emocional. La canción habla de esos amores que, con el tiempo, dejan de ser verano para convertirse en hogar.
Oriundo de la CDMX, Tranquilino ha construido una trayectoria versátil: baterista en proyectos como Yokozuna, músico de sesión, compositor para cine, series y videojuegos. Esa experiencia en el film scoring se percibe en la manera en que estructura atmósferas y colores musicales. No hay rigidez de género: hay oficio y curiosidad.
“Cozumel” es, en el fondo, un ejercicio de libertad formal y emocional. Un recordatorio de que el formato breve puede contener un viaje completo. Tres canciones, un mismo clima: el de quien entiende que el amor —como las vacaciones— no siempre es permanente, pero sí profundamente necesario mientras dura.
